Publicado: 6 de Septiembre de 2017

La legítima de una herencia aparece definida en el artículo 806 del Código Civil que señala que la legítima es la porción de bienes de que el testador no puede disponer por haberla reservado la ley a determinados herederos, llamados por esto herederos forzosos.

La legítima de una herencia es intocable, quiere esto decir que el testador no podrá imponer sobre la legítima, gravamen, ni condición, ni sustitución de ninguna especie. La única manera de privar al heredero forzoso de su legítima es desheredándole si se diera alguna de las causas recogidas en el Código Civil.

Así mismo, los herederos de la parte legitima de una herencia son:

·         Los herederos forzosos, son en primer lugar, los hijos (tanto naturales como por adopción, matrimoniales y no matrimoniales) y descendientes y, en su defecto, los padres y ascendientes. Por su parte, el viudo/a heredará en la forma que se establece legalmente.

·         Si no existen herederos forzosos, los herederos voluntarios, que son aquellos que figuran como tales en el testamento y suceden al testador en la titularidad de los bienes y derechos que componen su patrimonio, pueden adquirir la totalidad de la herencia, y si concurren con los anteriores, podrán adquirir todo lo que exceda del tercio de legítima.

·         Junto a los herederos (forzosos y voluntarios) pueden concurrir en la herencia los legatarios que heredan tan sólo objetos o bienes determinados de la herencia, determinado por la persona fallecida, y que a su vez puede ser un heredero forzoso.

Los hijos tienen derecho, en concepto de legítima, a las dos terceras partes del haber hereditario del padre y de la madre. Si alguno de los hijos hubiera muerto antes, los descendientes de éste tienen el mismo derecho que le hubiera correspondido a aquél.

Por lo que respecta a la legítima de los padres y ascendientes, el artículo 809 del Código Civil señala que constituye la legítima de los padres o ascendientes la mitad del haber hereditario de los hijos o descendientes. Como excepción a esta regla se establece que, si los padres o ascendientes concurren con el cónyuge viudo, la cuantía de la legítima de los mismos se verá reducida a un tercio de la herencia. La legítima reservada a los padres se divide entre los dos por partes iguales, en el caso de que uno de ellos haya muerto antes, corresponderá entera al que viva.

En cuanto a la legítima del cónyuge viudo, el artículo 834 del Codigo Civil señala que el cónyuge viudo no separado judicialmente, ya que si lo está perderá el derecho a el usufructo viudal, o de hecho tendrá la condición de legitimario, y como tal, tendrá reconocido un derecho de usufructo parcial sobre la herencia con independencia de la concurrencia o no de descendientes o ascendientes. Dicha circunstancia, no afecta a la existencia del derecho en sí, sino que hará variar el contenido del derecho en función de la cuota sobre la herencia aplicable en cada caso.

El cónyuge viudo separado judicialmente o de hecho perderá su derecho al usufructo viudal, pero si entre los cónyuges separados ha mediado reconciliación  notificada al juzgado que conoció de la separación, el sobreviviente conserva sus derechos. Por tanto, el derecho del cónyuge viudo está condicionado al hecho de que el cónyuge que lo alega no esté separado de hecho o por sentencia firme.